Cuando mi compañero, y creo que puedo empezar a decir amigo, Gonzalo, me pidió un artículo/reflexión, me quedé en el dique seco. Empecé a darle vueltas al coco; “a ver que escribo para este tío”,comencé y borré mil veces y harta de vaciar la papelera de reciclaje, decidí dejarlo hasta que de manera natural algo surgiese en mi cabeza.
Pues resulta que últimamente he dado unos cursos de inteligencia emocional y me han sorprendido varias cosas. La más importante de todas y sobre la que quiero hacer mención es la falta de fe que tenemos en nosotros mismo.
Detallo; voy yo con mi mejor intención a dar la formación a un grupo de personas, que saben a lo que van: “Mejorar la Relación entre compañeros; cohesionar equipos”. Ya el nombre de por si, dice bastante. O eso al menos creo yo. Empiezo a dar la clase con la convicción del que defiende a su equipo de fútbol. Y me encuentro con:
- “Hay cosas que no se pueden”
- “Nada puede cambiar”
- “Lo que es así, es así y se acabó”
Estaba yo a punto de tirar la toalla cuando propongo firmemente que si alguien cree de verdad que no puede poner ni un pelín de su parte para mejorar, es mejor que salga por la puerta y que nadie pierda el tiempo. Silencio absoluto. Prosigue la clase.
Hasta que, un asistente, Vicente al que siempre estaré agradecida, me hace un favor y suelta:
- “Todo muy bonito Diana, está muy bien eso de que podemos lograr todo lo que nos propongamos, pero ¿sabes qué? Yo nunca podré ser astronauta y siempre había querido serlo”.
Resulta Vicente que tiene razón, es complicado que sea usted astronauta, resulta que tiene usted 58 años y va un poco fuera de tiempo ya. Yo quise ser bailarina del ballet ruso, pero resulta que ni mi cuerpo, en su momento, ni mi edad, en este momento me lo permitieron. Resulta que no tengo cualidades físicas para ser bailarina de ballet clásico. Resulta que tampoco hice nada cuando era niña. Ni usted puede ser astronauta ni yo bailarina de ballet. ¿Pero sabe qué Don Vicente? Que si puedo bailar salsa y quizá si pueda ser una gran bailarina de esta disciplina, así que si puedo aspirar a ser la mejor bailarina de salsa, porque entra dentro de mis posibilidades. En resumen Don Vicente, deje de poner excusas y aspire usted a SER LO MEJOR QUE PUEDA LLEGAR A SER.
¿Y eso es lo que vamos a hacer no, Gonzalo? Ser lo mejores que podamos llegar a ser.