A Javier B. por dejarme entrar en su mundo.
Tras una sesión de coaching personal con una clienta, le
escuché la siguiente frase:
- tengo la necesidad de tener la presencia de un tío, ahí.
Menuda sentencia, ¿qué ocurre para que alguien pronuncie
esta afirmación? ¿se
siente incompleta? Aparentemente no lo parece… ¿es la
costumbre de tener novio?
Ante esta pregunta, esta chica me dice:
- puede ser, estoy muy, pero que muy acostumbrada a tener a
alguien, ya sabes,
alguien que te llame, alguien que te cuide, saber que tienes
un soporte.
Cierto es que continuamente conocemos gente que no hace más
que enganchar
una relación con otra, incluso solapándolas. Si lo dejo hoy
con una pareja, de la que
se supone que he estado enamorada/o, ¿está mi corazón
suficientemente limpio
para empezar otra en menos de dos semanas? ¿y qué ocurre con
el barbecho
emocional?
Proseguimos con la conversación:
- la verdad Diana, que encima si lo pienso bien, mi última
pareja, me trataba mal,
me era infiel y todo… ahora, ando mirando tíos, cada vez que
salgo e incluso quedo
con algunos que no me convencen, pero claro, ¿habrá alguien
que se enamore de
mi?
Pues esto me empieza a sonar a “prisas”, a quedarme “con lo
que sea” a cualquier
precio, a necesito un amor urgente, rápido, sin mucha
dilación… ¿cuál es el motivo?
¿es que no estoy bien conmigo mismo? ¿cómo vamos a dar lo
mejor de nosotros y
a esperar recibir algo bueno si no sé estar conmigo?
Para empezar cualquier relación ,es necesaria la paz, la paz
interior, un sano
diálogo con uno mismo, saber qué quiero, qué necesito, qué
me hace feliz.
Cuando lo sé, desde la calma, podré dirigirme a esas
personas, que para mi serán
diamantes en bruto, que puede que encajen conmigo, o no,
pero que no me harán
tener la sensación de vacío emocional que me deja mantener
citas con gente, “que
ya sabía yo, de antemano, que no me encajaban”.
La premura en la búsqueda del ansiado amor nos hace perder
calidad, una relación
sin suficiente autoestima, hace que nos sintamos
maltratados, poco queridos y
ninguneados, sumándole además el sentimiento de culpa: “esto
ya lo sabía yo…”
y cabe la posibilidad de recibir críticas de saboteadores
externos, que no hacen
sino minar aun más nuestra autoestima: “es que no se qué
esperabas de semejante
relación, estaba “cantado” este final”.
Con un buen trabajo personal, podremos lograr entendernos,
saber
que queremos, apreciarnos y darnos valor. Saber qué
necesito, lo que descarto y
lo que yo, como ser humano completo, merezco. Es un duro
trabajo, nos costará
y probablemente en ocasiones, tengamos ganas de tirar la
toalla, y ese miedo a la
soledad, nos haga plantearnos lanzarnos a “lo que sea” con
tal de no enfrentar el
miedo a no encontrar a nadie.
Tendremos que plantearnos también qué me lleva a esa
situación,
a qué tengo miedo y ver qué subyace en todo esto…
Cierto es que el ser humano es un ser social, nos gusta
estar con gente y nos gusta
tener pareja, pero a todos nos gustaría vernos bien
rodeados. Así que vamos a
tratar de encarar el desafío que supone conocernos, de saber
qué queremos, qué
nos hace felices y a qué no estamos dispuestos a renunciar.
Las alas se abren justo
un segundo después de haber saltado.
Diana