martes, 17 de julio de 2012

RELACIONES TÓXICAS: ESTOY ENGANCHADO/A


María es una tía muy interesante, tiene una gran conversación, buena cultura y es encantadora, es una mujer muy completa. Siempre está cuando la necesitas y siempre la encuentras con una gran sonrisa. Tiene una familia normal, son tres hermanos, de los cuales ella es la mediana,  y un buen puesto de trabajo, un trabajo con responsabilidad, tiene un equipo de cinco personas a su cargo. Además es atractiva y estilosa, un caramelo para cualquiera. Es ese tipo de mujer que a más de uno le encantaría encontrar y a más de una nos gusta tener como amiga.

María sufre, y  sufre mucho. Siempre se encuentra con el tipo de hombre que ella viene a llamar “desalmados”, siempre anda incompleta en lo que a pareja se refiere. Lucha, lucha y lucha y además es ella la abandonada. Con su última relación, finiquitada hace más de seis meses lo ha dado todo, lo intentó todo, puso todo y un poco más de su parte, para que aquello funcionase. Ahora de él no sabe nada. Dicen las malas lenguas, que anda con otra. A saber.
Cuando María piensa fríamente se da cuenta de que él no cubría ni un 30% de sus expectativas, no le hacía nada feliz, se sentía una “mendiga del amor”. Si se planteaba un futuro con él, no era una visualización clara e incluso se veía a sí misma tremendamente infeliz. Sus valores no eran,  probablemente 6 meses más tarde no son, los que María necesita.  Ella cree saber lo que necesita, alquien comprometido, respetuoso, que valore su persona, que ella valore. Alguien que le dé amor “gratis”.
María no necesita rogar, no necesita sentir que pide amor a gritos, no necesita suplicar un “quiéreme”. No quiere una relación “descafeinada” a largo plazo.

En esta última relación, no ha sido en la que ha sufrido el peor detalle, hace dos años recuerda que otro sujeto, con el que se había estado viendo un par de meses, desapareció.  Se lo tragó la tierra. Como si se hubiese muerto. La nada.

Unos mesecitos se pasó, la pobre María, pensando que había ocurrido, en qué había fallado… pero: “¡qué carajo! ¡este tampoco me llenaba!”. Hasta que el desaparecido regresó, vino a hacer lo que sus amigas llamaban “un revival”. Quizá en el “revival” sí que iba a cumplir sus expectativas, quizá en esos meses, el sujeto, se había dado un golpe en la cabeza y se había transformado en otra persona. Tampoco funcionó. Fue dar pasos atrás. Más de lo mismo.

María, tiene un buen amigo. Se llama Antonio, un gran hombre, un hombre profundo, nada simple. Un hombre con quien tomar un café resulta maravilloso, un hombre que habla con sus manos. A Antonio, le pasa exactamente lo mismo con las mujeres. “Es inexplicable”, piensa María. “Ojalá el mundo estuviese lleno de mi amigo Antonio, las mujeres tendríamos menos problemas”.

¿Qué ocurre con María? ¿Y con Antonio? ¿qué sucede para que siempre se encuentre con “desalmados”? ¿por qué comienza una historia sabiendo que no tiene futuro? Me pregunto si María empezaría algo con alguien sabiendo que, este sí, puede ser la persona de su vida… o por el contrario se haría autosabotaje.  Entonces ¿qué es? ¿miedo al éxito?

Y no sólo esto, ¿qué ocurre para que se produzca este apego? ¿por qué existe el enganche cuando no existe el enamoramiento? Resulta, cuanto menos,  curioso saber el motivo que nos lleva a pensar hasta reventar en una relación que no funcionaba, en una situación que nos conduce a la infelicidad y en una persona que visto de manera objetiva, no colma nuestras expectativas. Quizá a otras personas si, pero a nosotros, que somos quienes importamos en esto, no. No hablamos de ser buena o mala persona sino de que su manera de querer, no me sirve, a mí no me sirve. Y si no me sirve ¿a qué espero?