lunes, 28 de noviembre de 2011

Astronauta o bailarina de ballet ruso

Cuando mi compañero, y creo que puedo empezar a decir amigo, Gonzalo, me pidió un artículo/reflexión, me quedé en el dique seco. Empecé a darle vueltas al coco; “a ver que escribo para este tío”,comencé y borré mil veces y harta de vaciar la papelera de reciclaje, decidí dejarlo hasta que de manera natural algo surgiese en mi cabeza.

Pues resulta que últimamente he dado unos cursos de inteligencia emocional y me han sorprendido varias cosas. La más importante de todas y sobre la que quiero hacer mención es la falta de fe que tenemos en nosotros mismo.

Detallo; voy yo con mi mejor intención a dar la formación a un grupo de personas, que saben a lo que van: “Mejorar la Relación entre compañeros; cohesionar equipos”. Ya el nombre de por si, dice bastante. O eso al menos creo yo. Empiezo a dar la clase con la convicción del que defiende a su equipo de fútbol. Y me encuentro con:

- “Hay cosas que no se pueden”
- “Nada puede cambiar”
- “Lo que es así, es así y se acabó”

Estaba yo a punto de tirar la toalla cuando propongo firmemente que si alguien cree de verdad que no puede poner ni un pelín de su parte para mejorar, es mejor que salga por la puerta y que nadie pierda el tiempo. Silencio absoluto. Prosigue la clase.

Hasta que, un asistente, Vicente al que siempre estaré agradecida, me hace un favor y suelta:

- “Todo muy bonito Diana, está muy bien eso de que podemos lograr todo lo que nos propongamos, pero ¿sabes qué? Yo nunca podré ser astronauta y siempre había querido serlo”.

Resulta Vicente que tiene razón, es complicado que sea usted astronauta, resulta que tiene usted 58 años y va un poco fuera de tiempo ya. Yo quise ser bailarina del ballet ruso, pero resulta que ni mi cuerpo, en su momento, ni mi edad, en este momento me lo permitieron. Resulta que no tengo cualidades físicas para ser bailarina de ballet clásico. Resulta que tampoco hice nada cuando era niña. Ni usted puede ser astronauta ni yo bailarina de ballet. ¿Pero sabe qué Don Vicente? Que si puedo bailar salsa y quizá si pueda ser una gran bailarina de esta disciplina, así que si puedo aspirar a ser la mejor bailarina de salsa, porque entra dentro de mis posibilidades. En resumen Don Vicente, deje de poner excusas y aspire usted a SER LO MEJOR QUE PUEDA LLEGAR A SER.

¿Y eso es lo que vamos a hacer no, Gonzalo? Ser lo mejores que podamos llegar a ser.

martes, 20 de septiembre de 2011

El nuevo canal de televisión

Ayer fui participante en un estudio de mercado, era sobre un programa nuevo para la televisión, un nuevo canal que alguien están planteando crear. Por lo que pude ver se trata de un canal con un componente, cómo diría yo, de velocidad/adrenalina/emociones fuertes, bastante alto. El canal parece que va a nutrirse de programas americanos de deportes y situaciones extremas; un tío que se come de todo (DE TODO) por distintos países del mundo, personas abandonadas en montañas y viviendo al límite, “tunings” imposibles a coches destartalados, etc.

Dos cosas me llamaron mucho la atención, mejor dicho, tres.

La primera cómo definían el canal de una forma que a mi me parecía que no iba en absoluto con lo que visionamos: “nuevo canal televisivo, donde vas a poder ver gente real y apasionada que han decidido no vivir una vida común y llevarlo todo con absoluta entrega, haciendo lo que realmente quieren, dejando atrás vidas típicas y aventurándose en vidas repletas de entusiasmo”.

A mi esto me llevó directamente a pensar en la típica persona, que todos nos hemos planteado ser alguna vez, que deja su cómodo trabajo y se va a explorar el Amazonas, el ejecutivo que deja su vida de números y balances y monta un chiringuito de hamburguesas en Costa Rica o una ama de casa que decide a los 54 años que viendo que sus hijos ya están criados, va a hacer lo que realmente quiere y compra un billete a la India para ser voluntaria.

La definición dada por el canal no me hace pensar en los ejemplos que he citado. No se por qué, la definición me choca, con ver a un presentador comiendo gusanos vivos. Quizá porque ver a alguien haciendo esto (por una pasta al mes, seguro), no lo relaciono con la definición inicial.

La segunda cosa que me ha llamado mucho la atención, es cómo al resto de participantes del estudio, les ha pasado exactamente lo mismo que a mi. Les resultaba totalmente disonante:
- “ese tío está desempeñando un trabajo”, “no hace lo que quiere...” , “no es una vida distinta, sino una vida con un trabajo distinto”.

El resultado ha sido una agradable conversación acerca de cuánto nos gusta ver historias de gente “corriente”, que da un puñetazo en la mesa y ve cómo no es tan complicado lanzarse a por lo que realmente les hace más feliz. Olvidándose de pensamientos/mensajes como:

- “lo que debes hacer es...”
- “es que la vida es así”.
- “ a ti lo que te pasa es que eres un Peter Pan” .
- “tienes determinadas obligaciones y NO PUEDES deshacerte de ellas”.
- “tienes edad de...”
- “pero tú estás loco/a, ¿de dónde has sacado semejante idea?”.
- “Chica/o, baja a la tierra, hay cosas que no se pueden”.

Nos gusta ver que hay gente que cambia su vida y nos gusta ver cómo además, les va bien. Da esperanza.

La tercera agradable sorpresa es que una de las participantes, hacía unos cuantos años había dejado su trabajo y se dedicaba con éxito a...crear marionetas de madera.


Di.

martes, 19 de julio de 2011

Elena + cabreo

Hace tiempo que no escribía, resulta que mi vida ha dado un giro absoluto. En cuestión de 1 mes dejé mi empresa, corrijo, me echaron. Me he metido en varios tinglados al mismo tiempo; estoy con mi socia, sacando adelante el catering y sin saber muy bien como, tenemos un bar de tapas. Además, sigo en mi empeño con el coaching y la formación.

Os cuento el motivo de mi cabreazo, que ya he anunciado en algún momento.
Como algunos ya sabéis, tengo 30 años, una hipoteca (para mi solita) y las obligaciones de pago que el 90% de los españoles tienen. Como más arriba cuento, me he embarcado en una aventura con una mujer estupenda y llena de ganas. Se llama Elena, “la Helen” como digo yo. Por cierto, igual me acuchilla por nombrarla, pero… ya no tiene marcha atrás, porque no me apetece borrar lo que he escrito. Creo que de esto, es lo mejor que me he llevado, es una tía emprendedora, con ganas, creativa, llena de vida y empuje. Es humana como todos y a veces le entra “la bajona”, pero bueno, de momento, parece que nos hemos complementado. Al principio me entró a mi y ella estaba animadísima, hace un par de semanas le atacó a ella y yo andaba como una moto. Ella tiene más responsabilidades que yo. De hecho, tiene dos pequeñas responsabilidades.

A lo que vamos; nos metemos juntas en este tema. Es imaginable que han sido todo pagos, todo y todo. Y más. Creo que además, estamos contribuyendo a la sociedad, ya que, creamos empleo. Continúo:
- Inscripción en el Registro Mercantil: 183 euros (por cierto, lo hicimos por Internet, no había allí funcionario alguno que pulsara la tecla).
- revisión de extintores: 2 - - euros (por ser discreta con las cantidades).
- Tasa terraza: mejor no lo pongo.
- Seguros: 5- - euros (siguiendo con la discreción)
- Capital social: ya sabéis todos lo que es.
- Papelito antiplagas que exige la comunidad: 210 euros
- Y así suma y sigue.
- Que digan que hacen falta emprendedores y el gobierno, comunidad o lo que sea no te ponga ni un duro, ¡no tiene precio!

Así que una vez más, sólo puedo dar las gracias a nuestras familias y parejas, por apoyarnos económicamente, por lo bien que se están portando y por su ánimo constante.
Ahhh! Y sobretodo me quedo con un día fantástico en el que “la Helen” y yo dimos rienda a nuestra creatividad pintando puertas por doquier…

Va por ti, Elenita.

Diana

martes, 15 de marzo de 2011

"Lo siento, no te creo"

Dedicado a mi Manel (a quien tengo q agradecer el título de esto porque el mío era salvaje) y a mi Raquel...

Estoy harta del peloteo extremo. Últimamente leo bastantes cosas sobre desarrollo y crecimiento y no veo más que lo de todos los días:
- Exáminate y aprenderás.
- Tú eres tu mejor herramienta.
- Mírate hacia ti mismo.
- Conócete
- Etc
- Etc
- Etc
Y así mil veces más.
Sin dudar de que estas cosas son tremendamente importantes, ¿no os cansa? A mí profundamente. Me parece un auténtico coñazo. Empiezo a cansarme de todos estos artículos que no hablan sino de lo mismo. Son un auténtico speech copiado de un sitio a otro.
Vamos a ver, ¿nadie se va a atrever a decir que lo que duele, duele? ¿qué existe gente despreciable? ¿Qué en muchas ocasiones lo que te hace evolucionar es el propio sufrimiento? ¿Qué quizá el verdadero conocimiento está en no tratar de explorarse y básicamente aceptarse?
Y yo me pregunto, ¿Por qué y para qué tanta lucha? ¿Y dónde queda el simple vivir? Creo que si dejásemos el simple fluir de las cosas seríamos mucho más felices. ¿Qué hay de malo en aceptar que a veces tenemos malos pensamientos, sufrimos de envidia y nos ponemos verdes? Pues sí, tengo malos pensamientos y como ser humano que soy me acepto, lo vivo y ya se me pasará. Como una mala gripe, o quizá buena, porque seguro que lo que si saco es un gran aprendizaje.

Así que, coaches, dejemos de salir en fotos en las que tendemos la mano, como si fuésemos una tabla de salvación, el remedio contra el mal rato y el mal pensamiento.
Ayuda a la gente a que se acepte, a que se quieran tal y como son, a vivir el dolor y la alegría, a aprender de ellos y a renacer como el ave fénix. Desde la aceptación de uno mismo, sin luchas.
No lucho porque no estoy en guerra conmigo mismo. Me acepto y me amo, tal y como soy.


Diana

jueves, 24 de febrero de 2011

PEINARSE EL ALMA

Desde que vivo el mundo del coaching y el desarrollo personal, creo firmemente en que hay que “peinarse el alma”. Vamos a la peluquería, nos cortamos, hacemos mechas, compramos ropa para estar guapos, adelgazamos, deporte, etc. Pero: ¿quién se cuida el alma?
Muchas veces sólo nos cuidamos el alma cuando te ha ocurrido algo desagradable. Es como manifestar un domingo, que ya no fumarás, ni beberás más. El miércoles ya se te ha olvidado.
Peinarse el alma ni siquiera forma parte de un decálogo de buenas voluntades a principio de año. Sólo lo consideramos algo “imprescindible” cuando estamos, literalmente “jodidos”. Qué pena.
Si entrenásemos nuestro yo más interno cuando no nos pasa nada y estamos bien, en el caso de que esas desgracias llegasen seríamos seres mucho más fuertes. Además resulta que lo he comprobado. Suelo utilizar una técnica que va muy bien a la que llamo “mi radio de acción”, la tengo tan entrenada que cuando me pasa algo que “me jode”, no me cuesta nada ponerla en práctica. Es maravilloso. Se trata de hacer una distinción clara, real y consciente de las cosas sobre las que puedo actuar y las que no.
Voy por la carretera y hay una caravana increíble. Tengo dos opciones:
1ª empezar a despotricar, dar golpes al volante, quejarme y en consecuencia alterar mi existencia, al menos durante un buen rato.
2ª simplemente aceptar que NO PUEDO HACER NADA, no está en mi radio de acción.
Otra sería sacar las gadgeto-ruedas, pero eso de momento, es imposible.
Así que dado que no está en mi radio de acción, decido colocar el blueetooth, llamar a mi mi madre o alguna amiga y mantener una agradable conversación. En consecuencia, llego al sitio, más tarde, eso si. Pero más contenta, con mi pulso en orden y con mejor cara.
Esto trato de aplicarlo para todo, incluso cuando alguien no me quiere. Resulta que Pepito no me quiere o me ha dejado. Está claro que duele y jode, probablemente no pueda parar de pensarlo, lloraré y lo contaré mil veces a mi familia y amigos, que con su buena voluntad me escucharán y apoyarán. Propongo un pensamiento mejor, hazte esta pregunta: ¿está en mi radio de acción que Pepito vuelva a quererme? La respuesta sintiéndolo mucho es NO. NO PUEDO HACER NADA. El amor se da gratis… que putada y maravilla al mismo tiempo.
Así que recolócate, péinate el alma, llóralo, baja al infierno y céntrate en aceptarlo.
Podríamos también utilizar la técnica de las inversiones, pero eso es otro tema…

Diana.

jueves, 17 de febrero de 2011

¿Compañeros o comportamientos tercermundistas?

Llevo un tiempo planteándome la misma pregunta; no me gusta la empresa o ¿es la gente que integra la empresa, que cuando forman parte de ella, no me gusta?

Lo comentaba recientemente con mi director de master, cuya opinión en estos temas tiene mucho peso para mi. "La empresa son personas" me dijo. Y tiene razón.

Es cierto que cada compañía tiene una filosofía y unos principios, que son para cada una, pueden funcionar o no y pueden seguirse de manera estricta o no. Yo me pregunto en qué medida estos principios son papel mojado o realmente quienes los anulan son los integrantes de la compañía. En los sitios en los que he trabajado me he encontrado valores similares:

- "Lo importante son las personas"

- "El valor humano es básico"

- "Apostamos por la integración familiar y laboral"

- "Desarrollamos el talento"

Y honestamente, no he visto esto. Probablemente incluso haya colaborado en no verlo.

Para la empresa, lo importante son las personas, o eso defiende, pero ¿son importantes para nosotros los compañeros? a veces creo que no y sobrevivir en una empresa se reduce a un "sálvese quien pueda", da igual dejar tirado al de al lado o dejarlo literalmente con "el culo al aire" mientras el mío esté bien aposentado.

Respecto a la integración de las dos vidas resulta ser una utopía, pero si somos sinceros, ¿cuánta gente se queda calentando la silla y consigue que el que se va a la hora oficial de salida sea mal visto? ¿cuánta pérdida de tiempo hay durante el día y luego se extieden las jornadas laborales hasta horarios intempestivos? pero eso si, después no dejamos de oir y decir: "esto en Dinamarca no pasa", "somos los únicos con horas extras sin pagar", "somos tercermundistas en el horario laboral", etc...

¿De quién es culpa esto? ¿de la empresa o de quiénes las integran? ¿qué ocurriría si existiese una buena cohexión entre equipos? ¿y si todos, y digo todos, nos fuésemos a la hora?

Quizá sea que al final el horario no es tercermundista. Quizá tercermundista es nuestro comportamiento.