A Cris Rubio, por ser una constante motivación.
Siempre he pensado que el año empieza en septiembre, nunca
me ha dado la sensación de que enero tenga más importancia que septiembre. Si
quitamos la parte religiosa, a la que cada uno le puede dar mayor o menor valor.
Septiembre: el mes del nuevo curso cuando íbamos al cole.
Para mí era un cambio de vida. El
cambio de vida que puede ser para un niño. Pero vaya, que se me ha quedado a mí
lo de septiembre.
Acaba de empezar el mes que nos ocupa, con el pertinente
análisis por mi parte de lo que espero para este año. Empieza la retahíla:
laboralmente tengo que hacer más esto o menos esto otro, tengo que dejar de
fumar, hacer más deporte, me voy a apuntar a clases para estudiar otro idioma,
tengo que leer más en inglés, voy a ir a intercambio de conversación, perder un
par de kilitos, cuidar más mi alimentación, bla bla bla bla…
En mi defensa, y porque está bien “echarse flores” y reconocer
méritos propios, he de decir que ha habido años que he conseguido hacer algunas
de esas cositas que me había propuesto en mi comienzo de año particular.
Pero esta vez va a ser distinto. Voy a pedir para este año
otra cosa. Otra cosa de la que hablé con mi tata Cris hace ya un tiempo. Basta
de pedir no fumar, cuidarse más, comer mejor, hacer más deporte, trabajar más,
decir más “te quiero” a los míos y todas estas cosas que empiezan fuertemente y
acaban, muchas de ellas, en el baúl de los recuerdos olvidados.
Estábamos ella y yo un día, esta vez sí, a final de año,
enfrascadas en una de nuestras buenas conversaciones, esas que se echan de
menos cuando no se tienen. Esas que nos gustan a nosotras y que siempre acaban
con un “te quiero tata”. De las buenas.
Y Cris, mujer inteligente y gustadora de hacer pensar a la
gente, me propuso valorar qué pediríamos para el futuro. Tras un ratito de
opinar, discutir y valorar que era lo más importante, creo que ella dio con la
clave de la cuestión:
-“He decidido que, para este año, voy a pedir una
única cosa: CONSTANCIA”.
¡Y vaya cosa que pides, amiguita!. Pides la clave de todo,
pides tener la fuerza suficiente para no caer, para no cejar en el empeño,
pides ese trabajo que hace que algo funcione, pides pasión, ilusión, amor…
porque sin ello no hay constancia. ¡Qué arma y qué gran cualidad personal ser
constante! Entre las personas que triunfan, hay tantos y tantos “constantes”…
personas que aun sabiendo que algo era complicado, creyeron firmemente que con
trabajo y tesón se podía lograr. Pero querida amiga, con tu permiso, aparte de
robarte la constancia para mi particular nuevo año, voy a aderezarla un poco
con otra cosa, con MOTIVACIÓN. No perder nunca la motivación para seguir en esa
constancia.
Diana
@reimaginatec