Para Begoña, la cuidadora de almas…
Resulta que siempre quise ser actriz. Recuerdo que, de niña, soñaba con hacer películas, series etc. Lo que me echasen, vaya. Por ello desde pequeña organizaba obras de teatro en clase, bailes etc. Siempre fui muy farandulera.
Este aspecto mío se ha visto un poco apaciguado debido a que mi buen amigo Rubén Ontiveros, al que cariñosamente llamo ex-cuñado, me ha dejado algunas veces hacer cositas.
Ahora que, por cosas de la vida, tengo a dos magníficas actrices como clientas, me ha vuelto a tocar el gusanillo de mi antiguo sueño que, he de decir, se ocupó de sabotear mi entorno. También he de decir que yo lo consentí.
Así que para ver “qué se cuece” llamé a un representante de actores y actrices para ver como mis clientas sufren la “presión de la exigencia”.
He aquí la conversación con la agencia:
Yo: Buenas, llamaba para informarme de los requisitos de representación de su agencia para ver si podría interesarme formar parte de ella.
Agencia: ahhh muy bien, ¿cuántos años tienes?
Yo: 31.
Agencia: ¿31?
Yo: sí, 31 ¿hay algún problema?
Agencia: hombre, es que nosotros buscamos gente joven.
Yo: ¿gente joven? ¿de cuánto?
Agencia: no sé, 18 a 21 ó 22. ¿usted cuántos aparenta?
Yo: los que tengo, 31. (ya había empezado a llamarme “usted”). Ni más, ni menos, bueno, rectifico, si voy con chaqueta y pantalón, alguno más y si voy “a lo yo”, quizá alguno menos (o eso quiero pensar).
Agencia: ammmmmm
Yo: …
Agencia: es que creo que buscamos gente más joven.
Yo: ¿entonces para papeles de mujeres de 30 a 60 años utilizan chicas de 20? No resulta muy creíble, ¿no?. Además, en este país hay actrices de más edad que desarrollan papeles complicadísimos de una manera estupenda.
Agencia: bueno, además le informo que hemos cerrado el cupo hasta junio. Llámenos en junio o julio.
Yo: ya, pero ahí tendré más de 31, de hecho me quedarán menos para los 32.
Agencia: ya, pero nunca se sabe. Buenos días!!!
Teléfono: piiiiiiiiii piiiiiiiiiii piiiiiiiiii
Y así colgué el teléfono, con la sensación de ser mayor. Luego comencé a pensar tranquilamente. No me había preguntado si tenía experiencia de algún tipo en interpretación. Se había centrado únicamente en mi edad, en tener 31, en que estoy en la “tercera edad” del arte de la actuación. Así que me sentí como Terelu Campos, que después de su posado en la famosa revista, un periodista comentó por la tele que una mujer de su edad, no debería de mostrarse así. Y usted no debería de tener el cerebro tan pequeño.
¿No es posible ser actriz a los 30, 40 ó 50? ¿no es más importante la experiencia o la actitud? ¿depende todo de tener el culo y las carnes prietas?
Entonces, es ahora cuando veo a muchas personas maravillosas y llenas de posibilidades estancarse, les oigo decir que no tienen edad para una cosa o la otra. Que se les ha pasado el arroz.
Pero tengo una buena noticia. Belén Rueda, que tiene 47 magníficos años, debutó en el cine con “Mar adentro” y tenía 39 tacos. En 2007 trabajó en “El orfanato” y contaba con 42. Así que es posible. Sólo tengo 31 y, oye, me encuentro estupendamente. Todo es querer hacerlo y no dejarse llevar por estos saboteadores…
Diana
miércoles, 18 de enero de 2012
miércoles, 11 de enero de 2012
El jefe borracho
Como a todos nos ha pasado alguna vez en la vida nos hemos topado con jefes bastante cuestionables. Hace algún tiempo me hablaron sobre un jefe con un verdadero problema de alcoholismo. Actualmente imagino que sigue teniendo el mismo puesto que cuando conocí el caso; gente a su cargo, un buen sueldo, un buen coche y un aparente buen futuro.
Tras esta historia he estado pensando durante un tiempo cómo alguien tan incompetente puede permanecer en un puesto así y sobretodo cómo pudo superar un proceso de selección de semejante calibre.
Lo de incompetente, no lo digo a la ligera.
Según mi amiga prácticamente a diario llegaba “cocido como un centollo” a la oficina. Solía ser por la tarde. Es un tío de trago largo. Era tan patente su estado que a veces apenas se le entendía cuando hablaba, directamente balbuceaba. Un día incluso llego a darse un golpetazo en la cabeza, derivado de su falta de cálculo para balancearse en la silla. Un descojono vamos.
Esto es inadmisible pero si al menos fuese bueno en el negocio, los demás directivos podrían hacer la “vista gorda”. Desgraciadamente podrían ampararse en la pasta y en “consigue los números para la empresa”.
Pero es que resulta que tampoco. Los números eran los peores de la historia de la empresa.
Durante un tiempo, estuvimos tratando de investigar donde estaba la trampa; ¿era quizá, él o su mujer familia del CEO? ¿tenían negocios externos en los que eran socios? Cada vez que comentaba este tema con alguien, todos me decían que “algo tenía que haber”. Así que al menos no sólo lo pensábamos mi amiga y yo, sino todos los empleados que él dirigía de la división donde se encontraba. Empleados que se encontraban a merced de esta situación.
Por otra parte, estoy leyendo un libro de coaching y habla de la autoconfianza. Y creo que me ha dado la clave. Según este libro “para conseguir cosas, es imprescindible que creas en ti”, cosa que comparto. Si decimos esto a nuestros amigos, familiares y clientes cuando hablamos con ellos, si les decimos “piensa en grande”, si decimos “ante un proyecto; sal a ganar”, ¿no es esto aplicable para TODAS las personas? ¿incluido el borracho?
¿Cuál es el límite de la autoconfianza? ¿significa esto que cualquier incompetente puede llegar a presidente de una multinacional? Qué miedo… ¿no?
Y creo que esa es la clave, el tío cree en él mismo. Cree que puede. Y así lo vendió y así lo sigue mostrando cada vez que le piden explicaciones por los resultados. Es llevar la frase de: “Tu eres tu mejor producto”, hasta las últimas consecuencias. La verdad es que tiene mérito y hay que reconocérselo. No me quiero imaginar como sería si además fuese bueno en sus tareas como director. Sería imparable porque tendría la unión perfecta. De momento se vende a si mismo, el auténtico liderazgo lo tienen otros, lo tienen personas que conjugan buena gestión empresarial, con una gran gestión de personas.
¡Pues vaya con lo de creer en uno mismo!
Tras esta historia he estado pensando durante un tiempo cómo alguien tan incompetente puede permanecer en un puesto así y sobretodo cómo pudo superar un proceso de selección de semejante calibre.
Lo de incompetente, no lo digo a la ligera.
Según mi amiga prácticamente a diario llegaba “cocido como un centollo” a la oficina. Solía ser por la tarde. Es un tío de trago largo. Era tan patente su estado que a veces apenas se le entendía cuando hablaba, directamente balbuceaba. Un día incluso llego a darse un golpetazo en la cabeza, derivado de su falta de cálculo para balancearse en la silla. Un descojono vamos.
Esto es inadmisible pero si al menos fuese bueno en el negocio, los demás directivos podrían hacer la “vista gorda”. Desgraciadamente podrían ampararse en la pasta y en “consigue los números para la empresa”.
Pero es que resulta que tampoco. Los números eran los peores de la historia de la empresa.
Durante un tiempo, estuvimos tratando de investigar donde estaba la trampa; ¿era quizá, él o su mujer familia del CEO? ¿tenían negocios externos en los que eran socios? Cada vez que comentaba este tema con alguien, todos me decían que “algo tenía que haber”. Así que al menos no sólo lo pensábamos mi amiga y yo, sino todos los empleados que él dirigía de la división donde se encontraba. Empleados que se encontraban a merced de esta situación.
Por otra parte, estoy leyendo un libro de coaching y habla de la autoconfianza. Y creo que me ha dado la clave. Según este libro “para conseguir cosas, es imprescindible que creas en ti”, cosa que comparto. Si decimos esto a nuestros amigos, familiares y clientes cuando hablamos con ellos, si les decimos “piensa en grande”, si decimos “ante un proyecto; sal a ganar”, ¿no es esto aplicable para TODAS las personas? ¿incluido el borracho?
¿Cuál es el límite de la autoconfianza? ¿significa esto que cualquier incompetente puede llegar a presidente de una multinacional? Qué miedo… ¿no?
Y creo que esa es la clave, el tío cree en él mismo. Cree que puede. Y así lo vendió y así lo sigue mostrando cada vez que le piden explicaciones por los resultados. Es llevar la frase de: “Tu eres tu mejor producto”, hasta las últimas consecuencias. La verdad es que tiene mérito y hay que reconocérselo. No me quiero imaginar como sería si además fuese bueno en sus tareas como director. Sería imparable porque tendría la unión perfecta. De momento se vende a si mismo, el auténtico liderazgo lo tienen otros, lo tienen personas que conjugan buena gestión empresarial, con una gran gestión de personas.
¡Pues vaya con lo de creer en uno mismo!
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