lunes, 8 de abril de 2013

¿Put- estrés o gracias estrés?

A Miriam y Pilar, por inspirarme

Últimamente estoy atravesando una temporada bastante estresante debido, como
muchos saben, a un proyecto personal que me traigo entre manos. Ya sabemos lo
que ello implica: acostarse tardísimo, levantarse demasiado pronto o incluso en
medio de la noche, no desconectar, poner en una balanza lo que te estás jugando,
controlarlo todo, perder cosas positivas de tu rutina, etc. Sé que es una temporada
porque en cuanto esto esté “en el aire”, espero que las aguas vuelvan a su cauce.

El otro día iba por la calle y, cómo no, iba pensando en mi proyecto. Es algo que
está ocupando el 95% de mi cabeza y tiempo (pido perdón a mi familia y amigos
por mi falta de dedicación) y noté un pinchacito en mi codo izquierdo. Advierto
que no soy muy hipocondríaca, pero recordé, hace unos años, cómo a mi padre,
que empezó con un dolor en la muñeca y que tres días más tarde subió al hombro,
le derivó en una angina de pecho. Así que me paré en seco:

- Ostras, ¿qué es esto?

Claramente no me estaba “pegando ningún mal” pero a mí, que me gusta escuchar
el cuerpo, me hizo pensar. Y para colmo, quedo con Miriam, psicóloga humanista y
experta en estos temas, que me ratifica algo de lo que yo ya estoy convencida hace
muchos años: El cuerpo habla. Mi encuentro con Miriam: otro globo sonda.
¿A qué estrés me estoy sometiendo?, ¿dónde pongo el límite?, ¿tengo que decir
“hasta aquí he llegado”?, ¿Qué hago para pararlo?.

Y llevo pensando unos cuantos días. El otro día decidí cambiar la forma de mirarlo.
Me he replanteado la pregunta: ¿qué estoy aprendiendo de mí en esta situación?,
¿me gusta lo que veo?.
Y bueno, evidentemente, el estrés no me gusta, pero sí que estoy viendo cositas de
mí que me están sorprendiendo para bien. Me he dado cuenta de cómo en otros
trabajos no me habían motivado suficientemente bien, ya que ahora que estoy
motivada al 1000%, lo doy todo; estoy proactiva al máximo, alerta, con mis cinco
sentidos a pleno rendimiento. Y durante una temporada me sentí mal, sentía que
no era muy válida trabajando, que no me “autosacaba” partido y que no daba ni el
50% de lo que podía llegar a dar. Cierto es que la motivación es interna, pero estoy
viviendo en primera persona la importancia de sentirse parte de un proyecto, de
vivirlo, del lenguaje positivo y, por qué no, de la automotivación desde la música y
el arte. Tendré esto muy presente.

Y de la música quería yo hablar, hoy hablando con la maestra Pilar ha dicho algo
que me ha llegado… “necesitas ser consciente de tu ritmo, para no perderte la
música”. Y eso voy a hacer, tomar consciencia.



Diana