Desde que vivo el mundo del coaching y el desarrollo personal, creo firmemente en que hay que “peinarse el alma”. Vamos a la peluquería, nos cortamos, hacemos mechas, compramos ropa para estar guapos, adelgazamos, deporte, etc. Pero: ¿quién se cuida el alma?
Muchas veces sólo nos cuidamos el alma cuando te ha ocurrido algo desagradable. Es como manifestar un domingo, que ya no fumarás, ni beberás más. El miércoles ya se te ha olvidado.
Peinarse el alma ni siquiera forma parte de un decálogo de buenas voluntades a principio de año. Sólo lo consideramos algo “imprescindible” cuando estamos, literalmente “jodidos”. Qué pena.
Si entrenásemos nuestro yo más interno cuando no nos pasa nada y estamos bien, en el caso de que esas desgracias llegasen seríamos seres mucho más fuertes. Además resulta que lo he comprobado. Suelo utilizar una técnica que va muy bien a la que llamo “mi radio de acción”, la tengo tan entrenada que cuando me pasa algo que “me jode”, no me cuesta nada ponerla en práctica. Es maravilloso. Se trata de hacer una distinción clara, real y consciente de las cosas sobre las que puedo actuar y las que no.
Voy por la carretera y hay una caravana increíble. Tengo dos opciones:
1ª empezar a despotricar, dar golpes al volante, quejarme y en consecuencia alterar mi existencia, al menos durante un buen rato.
2ª simplemente aceptar que NO PUEDO HACER NADA, no está en mi radio de acción.
Otra sería sacar las gadgeto-ruedas, pero eso de momento, es imposible.
Así que dado que no está en mi radio de acción, decido colocar el blueetooth, llamar a mi mi madre o alguna amiga y mantener una agradable conversación. En consecuencia, llego al sitio, más tarde, eso si. Pero más contenta, con mi pulso en orden y con mejor cara.
Esto trato de aplicarlo para todo, incluso cuando alguien no me quiere. Resulta que Pepito no me quiere o me ha dejado. Está claro que duele y jode, probablemente no pueda parar de pensarlo, lloraré y lo contaré mil veces a mi familia y amigos, que con su buena voluntad me escucharán y apoyarán. Propongo un pensamiento mejor, hazte esta pregunta: ¿está en mi radio de acción que Pepito vuelva a quererme? La respuesta sintiéndolo mucho es NO. NO PUEDO HACER NADA. El amor se da gratis… que putada y maravilla al mismo tiempo.
Así que recolócate, péinate el alma, llóralo, baja al infierno y céntrate en aceptarlo.
Podríamos también utilizar la técnica de las inversiones, pero eso es otro tema…
Diana.
jueves, 24 de febrero de 2011
jueves, 17 de febrero de 2011
¿Compañeros o comportamientos tercermundistas?
Llevo un tiempo planteándome la misma pregunta; no me gusta la empresa o ¿es la gente que integra la empresa, que cuando forman parte de ella, no me gusta?
Lo comentaba recientemente con mi director de master, cuya opinión en estos temas tiene mucho peso para mi. "La empresa son personas" me dijo. Y tiene razón.
Es cierto que cada compañía tiene una filosofía y unos principios, que son para cada una, pueden funcionar o no y pueden seguirse de manera estricta o no. Yo me pregunto en qué medida estos principios son papel mojado o realmente quienes los anulan son los integrantes de la compañía. En los sitios en los que he trabajado me he encontrado valores similares:
- "Lo importante son las personas"
- "El valor humano es básico"
- "Apostamos por la integración familiar y laboral"
- "Desarrollamos el talento"
Y honestamente, no he visto esto. Probablemente incluso haya colaborado en no verlo.
Para la empresa, lo importante son las personas, o eso defiende, pero ¿son importantes para nosotros los compañeros? a veces creo que no y sobrevivir en una empresa se reduce a un "sálvese quien pueda", da igual dejar tirado al de al lado o dejarlo literalmente con "el culo al aire" mientras el mío esté bien aposentado.
Respecto a la integración de las dos vidas resulta ser una utopía, pero si somos sinceros, ¿cuánta gente se queda calentando la silla y consigue que el que se va a la hora oficial de salida sea mal visto? ¿cuánta pérdida de tiempo hay durante el día y luego se extieden las jornadas laborales hasta horarios intempestivos? pero eso si, después no dejamos de oir y decir: "esto en Dinamarca no pasa", "somos los únicos con horas extras sin pagar", "somos tercermundistas en el horario laboral", etc...
¿De quién es culpa esto? ¿de la empresa o de quiénes las integran? ¿qué ocurriría si existiese una buena cohexión entre equipos? ¿y si todos, y digo todos, nos fuésemos a la hora?
Quizá sea que al final el horario no es tercermundista. Quizá tercermundista es nuestro comportamiento.
Lo comentaba recientemente con mi director de master, cuya opinión en estos temas tiene mucho peso para mi. "La empresa son personas" me dijo. Y tiene razón.
Es cierto que cada compañía tiene una filosofía y unos principios, que son para cada una, pueden funcionar o no y pueden seguirse de manera estricta o no. Yo me pregunto en qué medida estos principios son papel mojado o realmente quienes los anulan son los integrantes de la compañía. En los sitios en los que he trabajado me he encontrado valores similares:
- "Lo importante son las personas"
- "El valor humano es básico"
- "Apostamos por la integración familiar y laboral"
- "Desarrollamos el talento"
Y honestamente, no he visto esto. Probablemente incluso haya colaborado en no verlo.
Para la empresa, lo importante son las personas, o eso defiende, pero ¿son importantes para nosotros los compañeros? a veces creo que no y sobrevivir en una empresa se reduce a un "sálvese quien pueda", da igual dejar tirado al de al lado o dejarlo literalmente con "el culo al aire" mientras el mío esté bien aposentado.
Respecto a la integración de las dos vidas resulta ser una utopía, pero si somos sinceros, ¿cuánta gente se queda calentando la silla y consigue que el que se va a la hora oficial de salida sea mal visto? ¿cuánta pérdida de tiempo hay durante el día y luego se extieden las jornadas laborales hasta horarios intempestivos? pero eso si, después no dejamos de oir y decir: "esto en Dinamarca no pasa", "somos los únicos con horas extras sin pagar", "somos tercermundistas en el horario laboral", etc...
¿De quién es culpa esto? ¿de la empresa o de quiénes las integran? ¿qué ocurriría si existiese una buena cohexión entre equipos? ¿y si todos, y digo todos, nos fuésemos a la hora?
Quizá sea que al final el horario no es tercermundista. Quizá tercermundista es nuestro comportamiento.
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