Llevo un tiempo planteándome la misma pregunta; no me gusta la empresa o ¿es la gente que integra la empresa, que cuando forman parte de ella, no me gusta?
Lo comentaba recientemente con mi director de master, cuya opinión en estos temas tiene mucho peso para mi. "La empresa son personas" me dijo. Y tiene razón.
Es cierto que cada compañía tiene una filosofía y unos principios, que son para cada una, pueden funcionar o no y pueden seguirse de manera estricta o no. Yo me pregunto en qué medida estos principios son papel mojado o realmente quienes los anulan son los integrantes de la compañía. En los sitios en los que he trabajado me he encontrado valores similares:
- "Lo importante son las personas"
- "El valor humano es básico"
- "Apostamos por la integración familiar y laboral"
- "Desarrollamos el talento"
Y honestamente, no he visto esto. Probablemente incluso haya colaborado en no verlo.
Para la empresa, lo importante son las personas, o eso defiende, pero ¿son importantes para nosotros los compañeros? a veces creo que no y sobrevivir en una empresa se reduce a un "sálvese quien pueda", da igual dejar tirado al de al lado o dejarlo literalmente con "el culo al aire" mientras el mío esté bien aposentado.
Respecto a la integración de las dos vidas resulta ser una utopía, pero si somos sinceros, ¿cuánta gente se queda calentando la silla y consigue que el que se va a la hora oficial de salida sea mal visto? ¿cuánta pérdida de tiempo hay durante el día y luego se extieden las jornadas laborales hasta horarios intempestivos? pero eso si, después no dejamos de oir y decir: "esto en Dinamarca no pasa", "somos los únicos con horas extras sin pagar", "somos tercermundistas en el horario laboral", etc...
¿De quién es culpa esto? ¿de la empresa o de quiénes las integran? ¿qué ocurriría si existiese una buena cohexión entre equipos? ¿y si todos, y digo todos, nos fuésemos a la hora?
Quizá sea que al final el horario no es tercermundista. Quizá tercermundista es nuestro comportamiento.
Muy bueno Diana, planteas que no sólo hay que pedir, sino ser coherentes y consecuentes. Al final, la supervivencia prima. Si pudiéramos ser todos coherentes, sería porque la empresa, también lo es, no? (Carmen Ch.)
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