A veces, en los cursos que doy, cuando
les hablo de liderazgo, se quedan perplejos.
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“Yo no tengo que ser un
líder, no tengo gente a mi cargo, yo trabajo solo, mi tarea es mi tarea, no
necesito nada más”.
La gente, a menudo, cree que sólo pueden
ser líderes las personas que tienen equipos a su cargo. Cuando lanzo esta
pregunta me han llegado a decir, incluso, que es “a partir de dos personas”,
cuando uno lidera. Si no es así, no se puede ser líder. No está en la
definición.
¿No puede ser uno líder de su propia
vida?, ¿no es ya, de por sí, un liderato de GRAN NIVEL?, ¿creemos que es tarea
fácil? Yo, personalmente, considero que es un trabajo que se tarda años en
dominar y que incluso puede que nunca llegue a ser perfecto.
¿Qué podemos hacer?
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Transmite confianza: sin
confianza no se puede vivir; confiamos en que cuando cogemos un avión llegará a
su destino, confiamos en un restaurante y la calidad de su comida cuando nos
sentamos a comer. La confianza es energía. Proporciona seguridad, optimismo, bienestar,
alegría. La confianza da fortaleza y felicidad para vivir. Es lo que diferencia
a un amigo de un no amigo. Los amigos están ahí “a las buenas y a las malas”,
cuentas con ellos, les haces partícipes de tus alegrías y miserias. Plantéate
ser un árbol de confianza para los tuyos, dales energía, hazles libres de poder
contar contigo.
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Escucha: pero escucha con todo el
cuerpo, escucha con los cinco sentidos, fíjate en lo que esa persona te está
contando, en cómo impacta en su cuerpo su relato; ¿transmite felicidad?,
¿vibra? O por el contrario ¿parece tener miedo?, ¿se le ve convencido? Escucha
sin pensar en ti, en tu historia, escucha al otro y no escuches el murmullo que
hay en tu cabeza cuando alguien te está hablando.
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Motiva: trata de animar a los
tuyos, cree en sus proyectos y no seas la piedra del camino, cree en ellos y se
verán más capaces de hacer lo que se propongan. Aliéntales, no dejes que
abandonen a la primera de cambio.
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No prejuzgues: no hables de
alguien sin saber su verdadera historia, sin saber lo que le llevó a hacer
determinada cosa o acción. No pienses: “yo nunca lo haría” porque la realidad
es que no lo sabes.
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Empatiza: trata de entender los
sentimientos del otro, no los banalices o les quites importancia, ponte en sus
zapatos, intenta averiguar cómo puede sentirse, qué le mueve y qué le hace
llorar. No preguntes porqué, simplemente acompaña y comprende.
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Se curioso: aprende, ponte metas,
no pienses que es tarde, que no tienes edad, que se te pasó el arroz. Si algo
te interesa métete en ello, investiga, lee, curiosea. Te hará sentirte ágil y
vivo, te hará sentir mentalmente activo. Serás capaz de todo y no verás
barreras.
¿No
es un trabajo más que suficiente?
Diana
Like it :)
ResponderEliminarMoi aussi!
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