Así como suena. Tenemos miedo a querernos. Nunca somos
demasiado guapos, altos, flacos, gordos, listos, creativos, rápidos… siempre
falla algo. Estoy metida de lleno en el tema del cambio de pensamiento, cómo
reprogramar la mente para que mis pensamientos sean positivos y terminar la
ristra de mensajes negativos hacia mi persona. Pensaba que no me lanzaba muchos
pensamientos negativos, hasta que he prestado atención a este tema. Y sí que lo
hago oye, vaya que si lo hago.
Estaba viendo un vídeo acerca de esto y comentaban el simple
ejercicio de agradecer lo aprendido, incluso a personas que nos hicieron
sufrir, nos sentimos molestas o, simplemente, la relación no funcionó, relación
de cualquier tipo de índole. Muy bien mandada, aquí servidora, paró el vídeo y
a bote pronto se me pasaron unas cuantas personas por la cabeza, a las que, en
voz alta, agradecí lo que aprendí de la experiencia:
-
Natxo, gracias por hacerme sentir cuidada.
-
Rubén, gracias por tantos años de amistad.
-
Sergio, gracias por enseñarme la entrega de un
padre.
-
Jaz, gracias por hacerme ver la sensibilidad de
los otros aunque yo pensara que mi mal momento personal, no se iba a notar.
Y así unos cuanto más.
Me sentí bien. Entendí que todos lo hicimos lo mejor que
pudimos y sabíamos porque, hablando en plata, nunca existieron ganas de
joder.
Seguimos con el vídeo:
auto-amor, la autora invita a que nos miremos en un espejo, a los ojos y
nos digamos: te quiero, muchísimo, te quiero con profundidad y respeto. Te
quiero.
Eran las 4 de la mañana y decidí posponer mi declaración de
amor. Además me parecía una buena forma de empezar el día siguiente. Un orgasmo
espiritual. Y así, hoy, tan campante, de un brinco me he levantado y me he
dirigido al espejo. Me he mirado, me he reconocido y me he declarado…
Lágrimas, eso es lo que ha salido, Y no ha tardado mucho
tiempo. Apunto que no soy alguien de lágrima fácil, no suelo dejar mucho
espacio al llanto. Soy más bien estilo corcho, en cuanto veo emoción salgo
disparada hacia arriba como un corcho en el agua, veloz, sin miramientos, para
no estar ahí abajo. También he sentido cierta vergüenza: - “Yo… ¿diciéndome
esto? ¿me lo merezco? ¿lo creo de verdad?”. “No soy digna… ¿no soy digna? ¿qué?
¿estoy tarada?”.
Soy perfectamente capaz de ver belleza en mi gente, no me
cuesta decirles que les quiero, me gusta e incluso lo necesito, ¿y a mí?
Probad…
Diana
No estas tarada estas educada para complacer al resto y aún queriendo ser egoísta.... nunca lo serás lo suficiente.
ResponderEliminarMe encanta lo que públicas.