Últimamente, veo bastantes buenas prácticas en buenas empresas para conseguir que tus empleados se vayan a otras compañías, en muchas ocasiones de la competencia. En un par de semanas he captado siete:
1. Dile a la gente nueva que vaya entrando que: “tras los seis meses de prueba aquí no se queda ni el apuntador”. Si tu objetivo como empresario es que los nuevos fichajes no se esfuercen y no pongan de su parte para conseguir resultados, esto es maravilloso. Tras los consabidos 6 meses, no habrán logrado ni el 50% de su objetivo y, es más, no tendrás que decirles que no les renuevas, porque claramente ya lo saben, e incluso a los nuevos que sigan entrando, estos anteriores, les irán avisando.
2. Manda semanalmente “rankings”, a toda la compañía, con los siguientes datos
- el equipo que menos ha vendido.
- dentro del equipo, la persona que menos ha vendido y, sobre todo, no olvides este dato: su nombre debe de ir sombreado en rojo.
3. Estos datos debes de colocarlos en pizarras, que OBLIGATORIAMENTE, tienen que estar visibles desde sus sillas para que tengan bien claro quiénes son los malos y sobre quién planea la sombra del cuchillo incluso antes de que se acabe el famoso plazo de los 6 meses.
4. A los que tengan buenos números no les felicites; de hecho, si en estos rankings puedes dejar los primeros números con unos asteriscos de color verde, mejor.
5. Manda a los nuevos que vayan vestidos de forma distinta a los indefinidos, colócalos en otros sitios. En resumen, marca bien la diferencia entre los afortunados, que hace años consiguieron quedarse en la empresa, y los recién llegados.
6. Cuando necesites a otros empleados nuevos por 6 meses y coincida con la finalización de contrato de los anteriores, no renueves a éstos. Gasta el dinero a formar a nueva “carne fresca”.
7. Recuerda CONSTANTEMENTE a los nuevos qué es lo que no hacen bien. Ni se te ocurra decirles lo que se puede mejorar.
Con estas buenas prácticas tendrás a la gente súper desmotivada, echando currículums sin parar y no dando nada por la compañía.
Porque haciendo lo anterior es lo que buscaban, ¿no?
Diana.
PD: Todo parecido con la realidad, NO ES COINCIDENCIA.
martes, 17 de abril de 2012
miércoles, 21 de marzo de 2012
El cáncer de mi empresa se llama Pepe.
A Antonio F. que me hace picarme y hacerlo mejor...
Es increíble lo que un cáncer de equipo es capaz de hacer. Definamos cáncer de equipo: es esa persona que mina un equipo, ese que siempre anda cotilleando, malmetiendo o quemando voluntades, coge a la gente, la exprime y consigue sacarle todo su “juguillo” de voluntariedad y buenas intenciones. El resultado es una desmotivación total por parte de quien le ha regalado minutos de sus oídos.
Analicemos a este tipo. Normalmente suele ser poco proactivo, salvo para quejarse constantemente, actividad en la que invierte el 80% de su tiempo, suele criticar a la persona constante y positiva, del que suele decir que “vive en los mundos de Yupi”, “no sabe lo que realmente pasa en esta compañía” o “es directamente un pelota”. Lo que realmente le pasa con el optimista es que éste evidencia más su incompetencia.
Lo mejor de todo es que su productividad suele ser muy baja, de hecho no cubre ni su propio salario, pero la crisis le ha venido de perlas y está amparado en “es que con la que está cayendo, por no venderse, no se vende ni el pan”. Espera seguir así un par de añitos más, luego se refugiará en la competencia asiática o en dios sabe qué excusa. Cuando la verdadera excusa es que lo que quiere conservar es un puesto cuasi vitalicio sin dar un palo al agua y en muchas ocasiones tres veces mejor pagado de lo que merecería. Otra cosa que me sorprende es cómo una persona puede pasar horas y horas sin hacer nada y no agobiarse, o no terminar pensando en las focas de Groenlandia. Pero eso es ya otro tema.
Prosigamos: no sólo contento con su actitud de vagueo, trata de “contagiar” esto al resto del equipo que, poco a poco, va cayendo o, al menos, algunos de ellos. No llegan al mismo nivel de improductividad porque esto es personal, pero sí lo bajan.
En resumen, en un tiempo se instala un clima de desidia y “mal rollismo” bastante profundo. Ohhhh nooooo, ha picado a mucha gente…
Tengo ahora mismo un proyecto en el que hay uno de estos entre ocho personas. El individuo está constantemente hablando de lo mal que va el país, cuando su empresa ha experimentado un crecimiento vertiginoso. Empezaron siendo 13 y hoy, 10 años después, son 153. No tienen rotación, preven este año contratar al menos a 11 personas más. No está nada mal. Ya lo quisieran muchos.
El tipo cobra unos 70000 al año, me da igual neto que bruto, porque, esto sí, con la que está cayendo, es una pasta. Más coche. Más seguro médico. Más dietas.
El año pasado produjo 15000 euros para su empresa. No digo más. Y este año va por el mismo camino. O peor.
Lo peor de todo es que es un hombre válido, sabe de lo que habla, tiene idiomas, buenos estudios y en sus primeros años, fue un hacha. Está claramente dentro de su zona de confort, ha llegado a su techo de aprendizaje y no se siente motivado. Es un “cáncer” derivado de la mala gestión de su carrera profesional.
“¿No podríamos reubicarlo?” – “No”.
“¿Despedirle?” - “no, esta empresa le debe mucho, hace 13 años creyó en este proyecto y se lo debemos”.
“¿Cuántos años tiene?” – “40”.
“¿40? ¿25 años más de castigo?”
Y cuando digo esto, castigo, no pienso en la empresa, sino en él. ¿25 años más sin hacer nada? ¿quejándose? ¿siendo cada día, más y más incompetente?...
¿No sería mejor reubicarle? ¿No sería mejor pagarle lo que se le debe y sacarle de esa zona en la que está, un claro confort peligroso? Si tanto se le debe, creo que por pura deuda, algo habría que hacer. Despídelo, alguien tan válido, con ese currículum y esa edad, no va a tener problemas y seguro que con el tiempo se da cuenta de que es lo mejor que le podía haber pasado. Quizá quiera dedicarse a otra cosa, trabajar en otra empresa, montar algo por su cuenta, donde se sienta motivado, desarrollado profesional y laboralmente y en constante crecimiento. Quizá no se atreva a hacerlo “por la que está cayendo”, quizá sólo necesita un empujón.
Ahí lo dejo.
Diana
Es increíble lo que un cáncer de equipo es capaz de hacer. Definamos cáncer de equipo: es esa persona que mina un equipo, ese que siempre anda cotilleando, malmetiendo o quemando voluntades, coge a la gente, la exprime y consigue sacarle todo su “juguillo” de voluntariedad y buenas intenciones. El resultado es una desmotivación total por parte de quien le ha regalado minutos de sus oídos.
Analicemos a este tipo. Normalmente suele ser poco proactivo, salvo para quejarse constantemente, actividad en la que invierte el 80% de su tiempo, suele criticar a la persona constante y positiva, del que suele decir que “vive en los mundos de Yupi”, “no sabe lo que realmente pasa en esta compañía” o “es directamente un pelota”. Lo que realmente le pasa con el optimista es que éste evidencia más su incompetencia.
Lo mejor de todo es que su productividad suele ser muy baja, de hecho no cubre ni su propio salario, pero la crisis le ha venido de perlas y está amparado en “es que con la que está cayendo, por no venderse, no se vende ni el pan”. Espera seguir así un par de añitos más, luego se refugiará en la competencia asiática o en dios sabe qué excusa. Cuando la verdadera excusa es que lo que quiere conservar es un puesto cuasi vitalicio sin dar un palo al agua y en muchas ocasiones tres veces mejor pagado de lo que merecería. Otra cosa que me sorprende es cómo una persona puede pasar horas y horas sin hacer nada y no agobiarse, o no terminar pensando en las focas de Groenlandia. Pero eso es ya otro tema.
Prosigamos: no sólo contento con su actitud de vagueo, trata de “contagiar” esto al resto del equipo que, poco a poco, va cayendo o, al menos, algunos de ellos. No llegan al mismo nivel de improductividad porque esto es personal, pero sí lo bajan.
En resumen, en un tiempo se instala un clima de desidia y “mal rollismo” bastante profundo. Ohhhh nooooo, ha picado a mucha gente…
Tengo ahora mismo un proyecto en el que hay uno de estos entre ocho personas. El individuo está constantemente hablando de lo mal que va el país, cuando su empresa ha experimentado un crecimiento vertiginoso. Empezaron siendo 13 y hoy, 10 años después, son 153. No tienen rotación, preven este año contratar al menos a 11 personas más. No está nada mal. Ya lo quisieran muchos.
El tipo cobra unos 70000 al año, me da igual neto que bruto, porque, esto sí, con la que está cayendo, es una pasta. Más coche. Más seguro médico. Más dietas.
El año pasado produjo 15000 euros para su empresa. No digo más. Y este año va por el mismo camino. O peor.
Lo peor de todo es que es un hombre válido, sabe de lo que habla, tiene idiomas, buenos estudios y en sus primeros años, fue un hacha. Está claramente dentro de su zona de confort, ha llegado a su techo de aprendizaje y no se siente motivado. Es un “cáncer” derivado de la mala gestión de su carrera profesional.
“¿No podríamos reubicarlo?” – “No”.
“¿Despedirle?” - “no, esta empresa le debe mucho, hace 13 años creyó en este proyecto y se lo debemos”.
“¿Cuántos años tiene?” – “40”.
“¿40? ¿25 años más de castigo?”
Y cuando digo esto, castigo, no pienso en la empresa, sino en él. ¿25 años más sin hacer nada? ¿quejándose? ¿siendo cada día, más y más incompetente?...
¿No sería mejor reubicarle? ¿No sería mejor pagarle lo que se le debe y sacarle de esa zona en la que está, un claro confort peligroso? Si tanto se le debe, creo que por pura deuda, algo habría que hacer. Despídelo, alguien tan válido, con ese currículum y esa edad, no va a tener problemas y seguro que con el tiempo se da cuenta de que es lo mejor que le podía haber pasado. Quizá quiera dedicarse a otra cosa, trabajar en otra empresa, montar algo por su cuenta, donde se sienta motivado, desarrollado profesional y laboralmente y en constante crecimiento. Quizá no se atreva a hacerlo “por la que está cayendo”, quizá sólo necesita un empujón.
Ahí lo dejo.
Diana
miércoles, 18 de enero de 2012
EL MUNDO ES PARA LOS CULOS PRIETOS
Para Begoña, la cuidadora de almas…
Resulta que siempre quise ser actriz. Recuerdo que, de niña, soñaba con hacer películas, series etc. Lo que me echasen, vaya. Por ello desde pequeña organizaba obras de teatro en clase, bailes etc. Siempre fui muy farandulera.
Este aspecto mío se ha visto un poco apaciguado debido a que mi buen amigo Rubén Ontiveros, al que cariñosamente llamo ex-cuñado, me ha dejado algunas veces hacer cositas.
Ahora que, por cosas de la vida, tengo a dos magníficas actrices como clientas, me ha vuelto a tocar el gusanillo de mi antiguo sueño que, he de decir, se ocupó de sabotear mi entorno. También he de decir que yo lo consentí.
Así que para ver “qué se cuece” llamé a un representante de actores y actrices para ver como mis clientas sufren la “presión de la exigencia”.
He aquí la conversación con la agencia:
Yo: Buenas, llamaba para informarme de los requisitos de representación de su agencia para ver si podría interesarme formar parte de ella.
Agencia: ahhh muy bien, ¿cuántos años tienes?
Yo: 31.
Agencia: ¿31?
Yo: sí, 31 ¿hay algún problema?
Agencia: hombre, es que nosotros buscamos gente joven.
Yo: ¿gente joven? ¿de cuánto?
Agencia: no sé, 18 a 21 ó 22. ¿usted cuántos aparenta?
Yo: los que tengo, 31. (ya había empezado a llamarme “usted”). Ni más, ni menos, bueno, rectifico, si voy con chaqueta y pantalón, alguno más y si voy “a lo yo”, quizá alguno menos (o eso quiero pensar).
Agencia: ammmmmm
Yo: …
Agencia: es que creo que buscamos gente más joven.
Yo: ¿entonces para papeles de mujeres de 30 a 60 años utilizan chicas de 20? No resulta muy creíble, ¿no?. Además, en este país hay actrices de más edad que desarrollan papeles complicadísimos de una manera estupenda.
Agencia: bueno, además le informo que hemos cerrado el cupo hasta junio. Llámenos en junio o julio.
Yo: ya, pero ahí tendré más de 31, de hecho me quedarán menos para los 32.
Agencia: ya, pero nunca se sabe. Buenos días!!!
Teléfono: piiiiiiiiii piiiiiiiiiii piiiiiiiiii
Y así colgué el teléfono, con la sensación de ser mayor. Luego comencé a pensar tranquilamente. No me había preguntado si tenía experiencia de algún tipo en interpretación. Se había centrado únicamente en mi edad, en tener 31, en que estoy en la “tercera edad” del arte de la actuación. Así que me sentí como Terelu Campos, que después de su posado en la famosa revista, un periodista comentó por la tele que una mujer de su edad, no debería de mostrarse así. Y usted no debería de tener el cerebro tan pequeño.
¿No es posible ser actriz a los 30, 40 ó 50? ¿no es más importante la experiencia o la actitud? ¿depende todo de tener el culo y las carnes prietas?
Entonces, es ahora cuando veo a muchas personas maravillosas y llenas de posibilidades estancarse, les oigo decir que no tienen edad para una cosa o la otra. Que se les ha pasado el arroz.
Pero tengo una buena noticia. Belén Rueda, que tiene 47 magníficos años, debutó en el cine con “Mar adentro” y tenía 39 tacos. En 2007 trabajó en “El orfanato” y contaba con 42. Así que es posible. Sólo tengo 31 y, oye, me encuentro estupendamente. Todo es querer hacerlo y no dejarse llevar por estos saboteadores…
Diana
Resulta que siempre quise ser actriz. Recuerdo que, de niña, soñaba con hacer películas, series etc. Lo que me echasen, vaya. Por ello desde pequeña organizaba obras de teatro en clase, bailes etc. Siempre fui muy farandulera.
Este aspecto mío se ha visto un poco apaciguado debido a que mi buen amigo Rubén Ontiveros, al que cariñosamente llamo ex-cuñado, me ha dejado algunas veces hacer cositas.
Ahora que, por cosas de la vida, tengo a dos magníficas actrices como clientas, me ha vuelto a tocar el gusanillo de mi antiguo sueño que, he de decir, se ocupó de sabotear mi entorno. También he de decir que yo lo consentí.
Así que para ver “qué se cuece” llamé a un representante de actores y actrices para ver como mis clientas sufren la “presión de la exigencia”.
He aquí la conversación con la agencia:
Yo: Buenas, llamaba para informarme de los requisitos de representación de su agencia para ver si podría interesarme formar parte de ella.
Agencia: ahhh muy bien, ¿cuántos años tienes?
Yo: 31.
Agencia: ¿31?
Yo: sí, 31 ¿hay algún problema?
Agencia: hombre, es que nosotros buscamos gente joven.
Yo: ¿gente joven? ¿de cuánto?
Agencia: no sé, 18 a 21 ó 22. ¿usted cuántos aparenta?
Yo: los que tengo, 31. (ya había empezado a llamarme “usted”). Ni más, ni menos, bueno, rectifico, si voy con chaqueta y pantalón, alguno más y si voy “a lo yo”, quizá alguno menos (o eso quiero pensar).
Agencia: ammmmmm
Yo: …
Agencia: es que creo que buscamos gente más joven.
Yo: ¿entonces para papeles de mujeres de 30 a 60 años utilizan chicas de 20? No resulta muy creíble, ¿no?. Además, en este país hay actrices de más edad que desarrollan papeles complicadísimos de una manera estupenda.
Agencia: bueno, además le informo que hemos cerrado el cupo hasta junio. Llámenos en junio o julio.
Yo: ya, pero ahí tendré más de 31, de hecho me quedarán menos para los 32.
Agencia: ya, pero nunca se sabe. Buenos días!!!
Teléfono: piiiiiiiiii piiiiiiiiiii piiiiiiiiii
Y así colgué el teléfono, con la sensación de ser mayor. Luego comencé a pensar tranquilamente. No me había preguntado si tenía experiencia de algún tipo en interpretación. Se había centrado únicamente en mi edad, en tener 31, en que estoy en la “tercera edad” del arte de la actuación. Así que me sentí como Terelu Campos, que después de su posado en la famosa revista, un periodista comentó por la tele que una mujer de su edad, no debería de mostrarse así. Y usted no debería de tener el cerebro tan pequeño.
¿No es posible ser actriz a los 30, 40 ó 50? ¿no es más importante la experiencia o la actitud? ¿depende todo de tener el culo y las carnes prietas?
Entonces, es ahora cuando veo a muchas personas maravillosas y llenas de posibilidades estancarse, les oigo decir que no tienen edad para una cosa o la otra. Que se les ha pasado el arroz.
Pero tengo una buena noticia. Belén Rueda, que tiene 47 magníficos años, debutó en el cine con “Mar adentro” y tenía 39 tacos. En 2007 trabajó en “El orfanato” y contaba con 42. Así que es posible. Sólo tengo 31 y, oye, me encuentro estupendamente. Todo es querer hacerlo y no dejarse llevar por estos saboteadores…
Diana
miércoles, 11 de enero de 2012
El jefe borracho
Como a todos nos ha pasado alguna vez en la vida nos hemos topado con jefes bastante cuestionables. Hace algún tiempo me hablaron sobre un jefe con un verdadero problema de alcoholismo. Actualmente imagino que sigue teniendo el mismo puesto que cuando conocí el caso; gente a su cargo, un buen sueldo, un buen coche y un aparente buen futuro.
Tras esta historia he estado pensando durante un tiempo cómo alguien tan incompetente puede permanecer en un puesto así y sobretodo cómo pudo superar un proceso de selección de semejante calibre.
Lo de incompetente, no lo digo a la ligera.
Según mi amiga prácticamente a diario llegaba “cocido como un centollo” a la oficina. Solía ser por la tarde. Es un tío de trago largo. Era tan patente su estado que a veces apenas se le entendía cuando hablaba, directamente balbuceaba. Un día incluso llego a darse un golpetazo en la cabeza, derivado de su falta de cálculo para balancearse en la silla. Un descojono vamos.
Esto es inadmisible pero si al menos fuese bueno en el negocio, los demás directivos podrían hacer la “vista gorda”. Desgraciadamente podrían ampararse en la pasta y en “consigue los números para la empresa”.
Pero es que resulta que tampoco. Los números eran los peores de la historia de la empresa.
Durante un tiempo, estuvimos tratando de investigar donde estaba la trampa; ¿era quizá, él o su mujer familia del CEO? ¿tenían negocios externos en los que eran socios? Cada vez que comentaba este tema con alguien, todos me decían que “algo tenía que haber”. Así que al menos no sólo lo pensábamos mi amiga y yo, sino todos los empleados que él dirigía de la división donde se encontraba. Empleados que se encontraban a merced de esta situación.
Por otra parte, estoy leyendo un libro de coaching y habla de la autoconfianza. Y creo que me ha dado la clave. Según este libro “para conseguir cosas, es imprescindible que creas en ti”, cosa que comparto. Si decimos esto a nuestros amigos, familiares y clientes cuando hablamos con ellos, si les decimos “piensa en grande”, si decimos “ante un proyecto; sal a ganar”, ¿no es esto aplicable para TODAS las personas? ¿incluido el borracho?
¿Cuál es el límite de la autoconfianza? ¿significa esto que cualquier incompetente puede llegar a presidente de una multinacional? Qué miedo… ¿no?
Y creo que esa es la clave, el tío cree en él mismo. Cree que puede. Y así lo vendió y así lo sigue mostrando cada vez que le piden explicaciones por los resultados. Es llevar la frase de: “Tu eres tu mejor producto”, hasta las últimas consecuencias. La verdad es que tiene mérito y hay que reconocérselo. No me quiero imaginar como sería si además fuese bueno en sus tareas como director. Sería imparable porque tendría la unión perfecta. De momento se vende a si mismo, el auténtico liderazgo lo tienen otros, lo tienen personas que conjugan buena gestión empresarial, con una gran gestión de personas.
¡Pues vaya con lo de creer en uno mismo!
Tras esta historia he estado pensando durante un tiempo cómo alguien tan incompetente puede permanecer en un puesto así y sobretodo cómo pudo superar un proceso de selección de semejante calibre.
Lo de incompetente, no lo digo a la ligera.
Según mi amiga prácticamente a diario llegaba “cocido como un centollo” a la oficina. Solía ser por la tarde. Es un tío de trago largo. Era tan patente su estado que a veces apenas se le entendía cuando hablaba, directamente balbuceaba. Un día incluso llego a darse un golpetazo en la cabeza, derivado de su falta de cálculo para balancearse en la silla. Un descojono vamos.
Esto es inadmisible pero si al menos fuese bueno en el negocio, los demás directivos podrían hacer la “vista gorda”. Desgraciadamente podrían ampararse en la pasta y en “consigue los números para la empresa”.
Pero es que resulta que tampoco. Los números eran los peores de la historia de la empresa.
Durante un tiempo, estuvimos tratando de investigar donde estaba la trampa; ¿era quizá, él o su mujer familia del CEO? ¿tenían negocios externos en los que eran socios? Cada vez que comentaba este tema con alguien, todos me decían que “algo tenía que haber”. Así que al menos no sólo lo pensábamos mi amiga y yo, sino todos los empleados que él dirigía de la división donde se encontraba. Empleados que se encontraban a merced de esta situación.
Por otra parte, estoy leyendo un libro de coaching y habla de la autoconfianza. Y creo que me ha dado la clave. Según este libro “para conseguir cosas, es imprescindible que creas en ti”, cosa que comparto. Si decimos esto a nuestros amigos, familiares y clientes cuando hablamos con ellos, si les decimos “piensa en grande”, si decimos “ante un proyecto; sal a ganar”, ¿no es esto aplicable para TODAS las personas? ¿incluido el borracho?
¿Cuál es el límite de la autoconfianza? ¿significa esto que cualquier incompetente puede llegar a presidente de una multinacional? Qué miedo… ¿no?
Y creo que esa es la clave, el tío cree en él mismo. Cree que puede. Y así lo vendió y así lo sigue mostrando cada vez que le piden explicaciones por los resultados. Es llevar la frase de: “Tu eres tu mejor producto”, hasta las últimas consecuencias. La verdad es que tiene mérito y hay que reconocérselo. No me quiero imaginar como sería si además fuese bueno en sus tareas como director. Sería imparable porque tendría la unión perfecta. De momento se vende a si mismo, el auténtico liderazgo lo tienen otros, lo tienen personas que conjugan buena gestión empresarial, con una gran gestión de personas.
¡Pues vaya con lo de creer en uno mismo!
lunes, 28 de noviembre de 2011
Astronauta o bailarina de ballet ruso
Cuando mi compañero, y creo que puedo empezar a decir amigo, Gonzalo, me pidió un artículo/reflexión, me quedé en el dique seco. Empecé a darle vueltas al coco; “a ver que escribo para este tío”,comencé y borré mil veces y harta de vaciar la papelera de reciclaje, decidí dejarlo hasta que de manera natural algo surgiese en mi cabeza.
Pues resulta que últimamente he dado unos cursos de inteligencia emocional y me han sorprendido varias cosas. La más importante de todas y sobre la que quiero hacer mención es la falta de fe que tenemos en nosotros mismo.
Detallo; voy yo con mi mejor intención a dar la formación a un grupo de personas, que saben a lo que van: “Mejorar la Relación entre compañeros; cohesionar equipos”. Ya el nombre de por si, dice bastante. O eso al menos creo yo. Empiezo a dar la clase con la convicción del que defiende a su equipo de fútbol. Y me encuentro con:
- “Hay cosas que no se pueden”
- “Nada puede cambiar”
- “Lo que es así, es así y se acabó”
Estaba yo a punto de tirar la toalla cuando propongo firmemente que si alguien cree de verdad que no puede poner ni un pelín de su parte para mejorar, es mejor que salga por la puerta y que nadie pierda el tiempo. Silencio absoluto. Prosigue la clase.
Hasta que, un asistente, Vicente al que siempre estaré agradecida, me hace un favor y suelta:
- “Todo muy bonito Diana, está muy bien eso de que podemos lograr todo lo que nos propongamos, pero ¿sabes qué? Yo nunca podré ser astronauta y siempre había querido serlo”.
Resulta Vicente que tiene razón, es complicado que sea usted astronauta, resulta que tiene usted 58 años y va un poco fuera de tiempo ya. Yo quise ser bailarina del ballet ruso, pero resulta que ni mi cuerpo, en su momento, ni mi edad, en este momento me lo permitieron. Resulta que no tengo cualidades físicas para ser bailarina de ballet clásico. Resulta que tampoco hice nada cuando era niña. Ni usted puede ser astronauta ni yo bailarina de ballet. ¿Pero sabe qué Don Vicente? Que si puedo bailar salsa y quizá si pueda ser una gran bailarina de esta disciplina, así que si puedo aspirar a ser la mejor bailarina de salsa, porque entra dentro de mis posibilidades. En resumen Don Vicente, deje de poner excusas y aspire usted a SER LO MEJOR QUE PUEDA LLEGAR A SER.
¿Y eso es lo que vamos a hacer no, Gonzalo? Ser lo mejores que podamos llegar a ser.
Pues resulta que últimamente he dado unos cursos de inteligencia emocional y me han sorprendido varias cosas. La más importante de todas y sobre la que quiero hacer mención es la falta de fe que tenemos en nosotros mismo.
Detallo; voy yo con mi mejor intención a dar la formación a un grupo de personas, que saben a lo que van: “Mejorar la Relación entre compañeros; cohesionar equipos”. Ya el nombre de por si, dice bastante. O eso al menos creo yo. Empiezo a dar la clase con la convicción del que defiende a su equipo de fútbol. Y me encuentro con:
- “Hay cosas que no se pueden”
- “Nada puede cambiar”
- “Lo que es así, es así y se acabó”
Estaba yo a punto de tirar la toalla cuando propongo firmemente que si alguien cree de verdad que no puede poner ni un pelín de su parte para mejorar, es mejor que salga por la puerta y que nadie pierda el tiempo. Silencio absoluto. Prosigue la clase.
Hasta que, un asistente, Vicente al que siempre estaré agradecida, me hace un favor y suelta:
- “Todo muy bonito Diana, está muy bien eso de que podemos lograr todo lo que nos propongamos, pero ¿sabes qué? Yo nunca podré ser astronauta y siempre había querido serlo”.
Resulta Vicente que tiene razón, es complicado que sea usted astronauta, resulta que tiene usted 58 años y va un poco fuera de tiempo ya. Yo quise ser bailarina del ballet ruso, pero resulta que ni mi cuerpo, en su momento, ni mi edad, en este momento me lo permitieron. Resulta que no tengo cualidades físicas para ser bailarina de ballet clásico. Resulta que tampoco hice nada cuando era niña. Ni usted puede ser astronauta ni yo bailarina de ballet. ¿Pero sabe qué Don Vicente? Que si puedo bailar salsa y quizá si pueda ser una gran bailarina de esta disciplina, así que si puedo aspirar a ser la mejor bailarina de salsa, porque entra dentro de mis posibilidades. En resumen Don Vicente, deje de poner excusas y aspire usted a SER LO MEJOR QUE PUEDA LLEGAR A SER.
¿Y eso es lo que vamos a hacer no, Gonzalo? Ser lo mejores que podamos llegar a ser.
martes, 20 de septiembre de 2011
El nuevo canal de televisión
Ayer fui participante en un estudio de mercado, era sobre un programa nuevo para la televisión, un nuevo canal que alguien están planteando crear. Por lo que pude ver se trata de un canal con un componente, cómo diría yo, de velocidad/adrenalina/emociones fuertes, bastante alto. El canal parece que va a nutrirse de programas americanos de deportes y situaciones extremas; un tío que se come de todo (DE TODO) por distintos países del mundo, personas abandonadas en montañas y viviendo al límite, “tunings” imposibles a coches destartalados, etc.
Dos cosas me llamaron mucho la atención, mejor dicho, tres.
La primera cómo definían el canal de una forma que a mi me parecía que no iba en absoluto con lo que visionamos: “nuevo canal televisivo, donde vas a poder ver gente real y apasionada que han decidido no vivir una vida común y llevarlo todo con absoluta entrega, haciendo lo que realmente quieren, dejando atrás vidas típicas y aventurándose en vidas repletas de entusiasmo”.
A mi esto me llevó directamente a pensar en la típica persona, que todos nos hemos planteado ser alguna vez, que deja su cómodo trabajo y se va a explorar el Amazonas, el ejecutivo que deja su vida de números y balances y monta un chiringuito de hamburguesas en Costa Rica o una ama de casa que decide a los 54 años que viendo que sus hijos ya están criados, va a hacer lo que realmente quiere y compra un billete a la India para ser voluntaria.
La definición dada por el canal no me hace pensar en los ejemplos que he citado. No se por qué, la definición me choca, con ver a un presentador comiendo gusanos vivos. Quizá porque ver a alguien haciendo esto (por una pasta al mes, seguro), no lo relaciono con la definición inicial.
La segunda cosa que me ha llamado mucho la atención, es cómo al resto de participantes del estudio, les ha pasado exactamente lo mismo que a mi. Les resultaba totalmente disonante:
- “ese tío está desempeñando un trabajo”, “no hace lo que quiere...” , “no es una vida distinta, sino una vida con un trabajo distinto”.
El resultado ha sido una agradable conversación acerca de cuánto nos gusta ver historias de gente “corriente”, que da un puñetazo en la mesa y ve cómo no es tan complicado lanzarse a por lo que realmente les hace más feliz. Olvidándose de pensamientos/mensajes como:
- “lo que debes hacer es...”
- “es que la vida es así”.
- “ a ti lo que te pasa es que eres un Peter Pan” .
- “tienes determinadas obligaciones y NO PUEDES deshacerte de ellas”.
- “tienes edad de...”
- “pero tú estás loco/a, ¿de dónde has sacado semejante idea?”.
- “Chica/o, baja a la tierra, hay cosas que no se pueden”.
Nos gusta ver que hay gente que cambia su vida y nos gusta ver cómo además, les va bien. Da esperanza.
La tercera agradable sorpresa es que una de las participantes, hacía unos cuantos años había dejado su trabajo y se dedicaba con éxito a...crear marionetas de madera.
Di.
Dos cosas me llamaron mucho la atención, mejor dicho, tres.
La primera cómo definían el canal de una forma que a mi me parecía que no iba en absoluto con lo que visionamos: “nuevo canal televisivo, donde vas a poder ver gente real y apasionada que han decidido no vivir una vida común y llevarlo todo con absoluta entrega, haciendo lo que realmente quieren, dejando atrás vidas típicas y aventurándose en vidas repletas de entusiasmo”.
A mi esto me llevó directamente a pensar en la típica persona, que todos nos hemos planteado ser alguna vez, que deja su cómodo trabajo y se va a explorar el Amazonas, el ejecutivo que deja su vida de números y balances y monta un chiringuito de hamburguesas en Costa Rica o una ama de casa que decide a los 54 años que viendo que sus hijos ya están criados, va a hacer lo que realmente quiere y compra un billete a la India para ser voluntaria.
La definición dada por el canal no me hace pensar en los ejemplos que he citado. No se por qué, la definición me choca, con ver a un presentador comiendo gusanos vivos. Quizá porque ver a alguien haciendo esto (por una pasta al mes, seguro), no lo relaciono con la definición inicial.
La segunda cosa que me ha llamado mucho la atención, es cómo al resto de participantes del estudio, les ha pasado exactamente lo mismo que a mi. Les resultaba totalmente disonante:
- “ese tío está desempeñando un trabajo”, “no hace lo que quiere...” , “no es una vida distinta, sino una vida con un trabajo distinto”.
El resultado ha sido una agradable conversación acerca de cuánto nos gusta ver historias de gente “corriente”, que da un puñetazo en la mesa y ve cómo no es tan complicado lanzarse a por lo que realmente les hace más feliz. Olvidándose de pensamientos/mensajes como:
- “lo que debes hacer es...”
- “es que la vida es así”.
- “ a ti lo que te pasa es que eres un Peter Pan” .
- “tienes determinadas obligaciones y NO PUEDES deshacerte de ellas”.
- “tienes edad de...”
- “pero tú estás loco/a, ¿de dónde has sacado semejante idea?”.
- “Chica/o, baja a la tierra, hay cosas que no se pueden”.
Nos gusta ver que hay gente que cambia su vida y nos gusta ver cómo además, les va bien. Da esperanza.
La tercera agradable sorpresa es que una de las participantes, hacía unos cuantos años había dejado su trabajo y se dedicaba con éxito a...crear marionetas de madera.
Di.
martes, 19 de julio de 2011
Elena + cabreo
Hace tiempo que no escribía, resulta que mi vida ha dado un giro absoluto. En cuestión de 1 mes dejé mi empresa, corrijo, me echaron. Me he metido en varios tinglados al mismo tiempo; estoy con mi socia, sacando adelante el catering y sin saber muy bien como, tenemos un bar de tapas. Además, sigo en mi empeño con el coaching y la formación.
Os cuento el motivo de mi cabreazo, que ya he anunciado en algún momento.
Como algunos ya sabéis, tengo 30 años, una hipoteca (para mi solita) y las obligaciones de pago que el 90% de los españoles tienen. Como más arriba cuento, me he embarcado en una aventura con una mujer estupenda y llena de ganas. Se llama Elena, “la Helen” como digo yo. Por cierto, igual me acuchilla por nombrarla, pero… ya no tiene marcha atrás, porque no me apetece borrar lo que he escrito. Creo que de esto, es lo mejor que me he llevado, es una tía emprendedora, con ganas, creativa, llena de vida y empuje. Es humana como todos y a veces le entra “la bajona”, pero bueno, de momento, parece que nos hemos complementado. Al principio me entró a mi y ella estaba animadísima, hace un par de semanas le atacó a ella y yo andaba como una moto. Ella tiene más responsabilidades que yo. De hecho, tiene dos pequeñas responsabilidades.
A lo que vamos; nos metemos juntas en este tema. Es imaginable que han sido todo pagos, todo y todo. Y más. Creo que además, estamos contribuyendo a la sociedad, ya que, creamos empleo. Continúo:
- Inscripción en el Registro Mercantil: 183 euros (por cierto, lo hicimos por Internet, no había allí funcionario alguno que pulsara la tecla).
- revisión de extintores: 2 - - euros (por ser discreta con las cantidades).
- Tasa terraza: mejor no lo pongo.
- Seguros: 5- - euros (siguiendo con la discreción)
- Capital social: ya sabéis todos lo que es.
- Papelito antiplagas que exige la comunidad: 210 euros
- Y así suma y sigue.
- Que digan que hacen falta emprendedores y el gobierno, comunidad o lo que sea no te ponga ni un duro, ¡no tiene precio!
Así que una vez más, sólo puedo dar las gracias a nuestras familias y parejas, por apoyarnos económicamente, por lo bien que se están portando y por su ánimo constante.
Ahhh! Y sobretodo me quedo con un día fantástico en el que “la Helen” y yo dimos rienda a nuestra creatividad pintando puertas por doquier…
Va por ti, Elenita.
Diana
Os cuento el motivo de mi cabreazo, que ya he anunciado en algún momento.
Como algunos ya sabéis, tengo 30 años, una hipoteca (para mi solita) y las obligaciones de pago que el 90% de los españoles tienen. Como más arriba cuento, me he embarcado en una aventura con una mujer estupenda y llena de ganas. Se llama Elena, “la Helen” como digo yo. Por cierto, igual me acuchilla por nombrarla, pero… ya no tiene marcha atrás, porque no me apetece borrar lo que he escrito. Creo que de esto, es lo mejor que me he llevado, es una tía emprendedora, con ganas, creativa, llena de vida y empuje. Es humana como todos y a veces le entra “la bajona”, pero bueno, de momento, parece que nos hemos complementado. Al principio me entró a mi y ella estaba animadísima, hace un par de semanas le atacó a ella y yo andaba como una moto. Ella tiene más responsabilidades que yo. De hecho, tiene dos pequeñas responsabilidades.
A lo que vamos; nos metemos juntas en este tema. Es imaginable que han sido todo pagos, todo y todo. Y más. Creo que además, estamos contribuyendo a la sociedad, ya que, creamos empleo. Continúo:
- Inscripción en el Registro Mercantil: 183 euros (por cierto, lo hicimos por Internet, no había allí funcionario alguno que pulsara la tecla).
- revisión de extintores: 2 - - euros (por ser discreta con las cantidades).
- Tasa terraza: mejor no lo pongo.
- Seguros: 5- - euros (siguiendo con la discreción)
- Capital social: ya sabéis todos lo que es.
- Papelito antiplagas que exige la comunidad: 210 euros
- Y así suma y sigue.
- Que digan que hacen falta emprendedores y el gobierno, comunidad o lo que sea no te ponga ni un duro, ¡no tiene precio!
Así que una vez más, sólo puedo dar las gracias a nuestras familias y parejas, por apoyarnos económicamente, por lo bien que se están portando y por su ánimo constante.
Ahhh! Y sobretodo me quedo con un día fantástico en el que “la Helen” y yo dimos rienda a nuestra creatividad pintando puertas por doquier…
Va por ti, Elenita.
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